Seguir la actualidad de la muerte para liberarse de la vida malvada

Posted: January 11, 2017 in history
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La muerte que viene, y que venga… Muchos temen a La Muerte, y así la muerte nos sigue aún más. Todos somos seres humanos, y todos de nosotros vamos a morir. Ya sabemos que hemos de morir. -¿Cómo podemos morir con fuerza, con dignidad y de no traicionar nuestra honra?-

Hemos de descubrir las luces que viven dentro de nuestros cerebros. En los rincones del cerebro hay chispas de luz que siempre conectan con la verdadera actualidad, o en otras palabras, al Universo, a los Cosmos – al Dharma.

A todos los vivientes y espíritus, ambos los vivos y los muertos, y a todas las materias que están en movimiento, o a los que parezcan de existir, hay un ciclo oculto entre la vida y la muerte en la profundidad del vacío. Cruzamos al misterio.

Algunos escritores, profetas, santos y filósofos lo llamaban ‘lo místico.’ Ese misticismo significa el silencio que siempre existe y existía, desde los principios. Cuando nos escuchamos sobre los ruidos comunes en la mente, y no cogiendo distracciones por los pensamientos adictos, ya entendemos la sabiduría. Hay un equilibrio entre la vida y la muerte.

Todos mueren, y al final de todos los movimientos del universo, todos se extinguen. -Y a los viajeros que vivían por entonces, qué hacían ellos por ese camino escabroso?- Ellos deberían entrar en las fiestas agrias, o la vida dura, y esforzarse aun más para enfrentar las pesadillas de la condición humana.

-!No Seamos cobardes para nada: vivimos, luchamos, comemos y moremos!- Es difícil de encontrar los poetas que viviesen sus vidas como escribían en sus obras.

Miguel Cervantes y Lope de Vega eran unos, y también Federico García Lorca vivía así; sin embargo, otro artista, quien estaba además un amigo y contemporáneo de Federico García Lorca, ganó el premio de la vida, y de la muerte, se llamó Miguel Hernández.

El escritor-soldado Miguel Hernández exclamó: Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida…

Miguel nació en el pueblo de Orihuela, la provincia de Alicante en el año 1910. Su padre era labrador y ganadero. Cuando creció el niño, su padre le mandó a un colegio de jesuitas, y mientras tanto, el joven empezaba a trabajar con su padre en el campo.

Cuando Miguel terminó sus estudios del bachillerato, él resumía su vida en el campo y durante su poco tiempo libre, visitaba las bibliotecas para leer profundamente. A él le encantaba la poesía contemporánea y los autores del Siglo de Oro Español. Era un autodidacta de sabiduría y conocimientos. Como a todos los lectores entusiastas, los libros de la civilización humana siempre transformaban a los curiosos.

Para buscarse la vida, vivir de la poesía, Miguel viajaba entre las ciudades de Alicante y Madrid, durante los años treinta. Él poeta sacrificaba todo para escribir, y hizo amistades con muchos artistas y intelectuales en La España de la Segunda Republica.

El escritor-intelectual, como miles de otros artistas izquierdistas en Europa, se radicalizó a la ideología del comunismo, y también visitó La Rusia Soviética algunas veces. Cuando estalló La Guerra Civil Española en el verano de 1936, el señor Hernández se alistó para defender La Republica. El ganadero del campo valenciano y lector autodidactica, se hizo poeta-guerrero, como el español renacentista, Jorge Manrique. Ese soldado combatía valientemente durante la guerra.

Después de la caída de la Segunda Republica en 1939, Miguel se fugó, pero poco después, se cayó en una trampa por sus enemigos del otro lado de la guerra. El fin de la historia fue que el preso terminó su vida en la cárcel franquista. Fue el año 1942. Hasta su muerte Sr. Hernández escribía sin disculpas, como un periodista encarcelado, contra la injusticia de las penas posguerras.

Ese escritor murió en la cárcel, y no en el campo de la batalla. Los que conocen la cárcel también saben que el sobrevivir en la cárcel es una batalla, y muchas veces implica una lucha aun más fuerte que el combate de guerrero.

La violencia se manifiesta de algunas formas por la vida absurda: la guerra, la ocupación, el colonialismo, la esclavitud, el encarcelamiento, los trabajos forzados, el exilio sin hogar fijo, el vivir sin casa, las dependencias, los desalojamientos, la miseria, la pobreza, los accidentes laborales, la perdida de familia y las catástrofes naturales.

Miguel Hernández, como artista, escritor, poeta, orador, soldado, preso y periodista, se enteró todo ante la muerte. Todos de nosotros podemos vivir como artistas de la vida y de la muerte. Si elegimos y seguimos un camino en la vida, haremos todo lo posible para conseguir y adelantarlo. El trabajo, y el trabajo duro, es necesario para vivir bien. Vivir bien no significa la riqueza de posesión. El vivir bien significa la honra y las virtudes juntadas. El esfuerzo, la fuerza de la sangre, y la liberación del corazón cambian todo. No obstante, hay siempre un termino. Llegamos al mismo fin – la muerte sencilla.

Nada se escape de la muerte. La muerte nos espera y cada día que existimos, la muerte se nos acerca más. La muerte es cierta, pero no sabemos cuando nos la pase. Es cierto que cuando llega el camino final de la vida agonizante, no podemos pararlo. La muerte siempre gana el premio. El Buda explicó todo hace dos mil quinientos años en La India.

Miguel entendió algo más profunda de la muerte. Él andaba en dificultades económicas para seguir escribiendo poemas. Claro, la vida del poeta no era fácil, sino cuando una guerra civil sangrentada reventó en España, el autor muy español, tuvo que escoger una posición con armas. Solo había dos opciones. Miguel Hernández era izquierdista, así que él se juntó con el ejercito republicano. A diferencia de otros habladores en esa época, el señor Hernández agarró su arma y luchaba hasta la muerte.

Después de la guerra, y la perdida brutal de la Segunda Republica, algunos soldados republicanos se fugaban fuera de España. Otros no tenían tanta suerte. Miguel Hernández era uno de los segundos.

Con tanta pena en la carcel franquista, ese poeta soldado no se quejaban como victima y cobarde. Siempre se comportaban como el soldado duro y poeta profundo enfrentando la muerte.

Así es la lección de su historia noble. Vamos a morir. -¡No se atrape en la tumba de la vida para evitar la muerte!- Hemos de aceptar el destino sin salida. La vida dura y la muerte noble se mueven alrededor de nuestros sufrimientos comunes. Ellas consuman todas las obras maestras. Las palabras se acaban, y los hechos gritan.

Un escritor del siglo diecisiete, P. Baltasar Gracián, escribió:

Hasta de inútiles lo es el ser eternos. No ai afán sin conorte: los necios le tienen en ser venturosos, y también se dixo «ventura de fea». Para vivir mucho es arbitrio valer poco; la vasija quebrantada es la que nunca se acaba de romper, que enfada con su durar. Parece que tiene invidia la fortuna a las personas más importantes, pues iguala la duración con la inutilidad de las unas y la importancia con la brevedad de las otras: faltarán quantos importaren y permanecerá eterno el que es de ningún provecho, ya porque lo parece, ya porque realmente es assí. Al desdichado parece que se conciertan en olvidarle la suerte y la muerte.

Hay que citar Miguel Hernandez una vez más:

de ‘Sentado sobre los muertos’

Aquí estoy para vivir 
mientras el alma me suene,
 y aquí estoy para morir,
 cuando la hora me llegue,
 en los veneros del pueblo
 desde ahora y desde siempre.
 Varios tragos es la vida
 y un solo trago es la muerte.

No hay más refranes. La muerte se presenta.

 

 

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