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Pobre México – los reinos de cabrones y matones, mamones y ladrones

Posted: July 1, 2014 in elites, Mexico, guerra, castas, golpes de estado, narcos, mestizos, independencia, alcurnia, El Imperio, traidores, colaboracionistas, ocupación, republica, Ciudad de Mexico, delincuentes, criminales, ladrones, corruptos, asesinos, violadores, invasores, estado criminal, tiranos, criollos, el mal criollo, cabildo de ocupación, invasión estadounidense, imperio yanqui, reformadores, Leyes de la Reforma, Ley Lerdo, Miguel Lerdo de Tejada, Benito Juárez, historia mentirosa, Iglesia Católica, derecho, leyes, el estado, propaganda del estado, propiedades, cofradías, gremios, Liberales, Conservadores, feudalismo, intervención francesa, tierras, tierras comunes, industria, robar, papaleo de leyes, economia, hacienda, expolio nacional, vende patrias, la modernidad, Porfirio Díaz, Antonio Lopéz Santa Ana, historia mexicana, presidentes, políticos, historia oficial, heroes de la patria, emperador, Iturbide, revolución, guerra de independencia, dueños, caciques, malos, revolución mexicana, Emiliano Zapata, Pancho Villa, constitucionalistas, PRI, PAN, Plan de Ayala, redes de mafias, ricos, masones, protestantes, mafia sonorense, golpistas, constitución de 1917, Lázara Cardenas, Devolución de tierras, nacionalización de petroleo, alianzas políticas, Rubén Jaramillo, Masacre de estudiantes 1968, gobierno mafioso, corrupción, narco estado, estado asesino, guerrilleros, pobreza extrema, miseria, NAFTA, dictadores asesinos, mexicanos, maíz, lideres autoproclamadas, fusilamientos, historia engañosa, matanzas, inversores extranjeros, refugiados económicos, maíz transgénico, economía fantasma, México antiguo, México colonial
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El 16 de septiembre de 1847, solo veinte seis años después de la ‘independencia’ de México, fue un día espectacular. El sol brillaba tan esplendente, los nubes sonorizaban tranquilamente y las colinas alrededor de la Ciudad de México mostraban sus cosechas amarillas de maíz y de pocos arboles verdes

Algo extraño se había pasado dos días antes. Un ejercito extranjero entró en la capital de la república, como un invasor, y tomó la ocupación de la ciudad. No hablaban castellano y los soldados comunes se comportaban como delincuentes y fanfarrones. La bandera que volaba por los vientos eran de ellos también, las estrellas y barras; sin embargo, había algo aun más que desconcertaban a los mexicanos. Una hampa autoproclamada de ‘criollos’ mexicanos se les ofrecieron sus servicios a los ‘yanquis’ casi inmediatamente. Ese grupo era un gobierno de colaboracionistas, o verdaderamente traidores aliados con los ocupantes – vendepatrias verdaderas.

Uno de ellos colaboracionistas era un criollo de vestido impecable que se llevaba una arrogancia total sobre su alcurnia de españoles ilustrados, los Solares de Tejada. Él colaboracionista propio tenia bigote y patillas negros, y sobre todo, los ojos castaños fuertes que traicionaba su odio contra los otros mexicanos que representaban indios, mestizos y castas. El traidor perfecto fue el Sr. Miguel Lerdo de Tejada.

Durante su estancia en ‘el cabildo de ocupación,’ el traidor Lerdo admiraban el poder militar y el sistema eficaz del imperio yanqui, en cambio del follón de los mexicanos. Así fue su comienzo de la carrera de ‘reformador.’ Sus pesadillas de reformas consiguieron las promulgaciones del estado mexicano nueve años más adelante en 1856. Fueron las Leyes de la Reforma, o La Ley Lerdo, asistido por un presidente vende patria que se llamaba, Benito Juárez.

La historia mentirosa, o la propaganda del estado mexicano, escribe que esos dos personajes, Lerdo y Juárez, eran héroes de la patria mexicana. Eran dos Liberales que afrontaban el poder de la Iglesia Católica, y luchaban contra los Conservadores. Juárez era de la nación de Zapoteca además. Sus enemigos políticos, los Conservadores, apoyaban el ‘feudalismo’ en México, y la intervención francesa durante los años sesenta en el siglo diecinueve. Los dos políticos querían llevar México a la modernidad, como los Estados Unidos y el Dominio de Canadá.

Las reformas de Lerdo así afrentaban contra las propiedades y los derechos legales de la Iglesia Católica, sin embargo, las reformas también atacaban los derechos de las comunidades rurales, sus tierras comunes, las tierras de sus cofradías, y contra los derechos de los gremios. El estado tenía los derechos de robar de todo. Por un papeleo de leyes, las reformas destruyeron las industrias agrícolas y urbanas mexicanas. En lugar de avanzar la economía mexicana, las reformas atrasaban fuertemente el país. De verdad, las reformas creaban los bases para el expolio nacional del dictador Porfirio Díaz durante los finales del siglo diecinueve.

Hoy en día, el bulevar más grande de la Ciudad de México y que enseña al mundo, rascacielos, sedes de empresas extranjeros, cafés de Starbucks, y fuentes-estatuas de personajes asesinos de la historia, como Colon, se llama, Avenida de la Reforma. La historia oficial mexicano no dice nada sobre el gobierno colaboracionista durante la ocupación yanqui 1847-1848.

Los funcionarios mexicanos que vienen de la historia falsa, además no dicen nada sobre el hecho de que Antonio López de Santa Ana, el presidente-dictador varias veces durante el siglo diecinueve, y que vendió más de la mitad del país a los gringos, era también Liberal como Lerdo y Juárez.

La razón que la historia oficial del estado mexicano sigue con las mentiras y falsedades es porque los políticos, dueños asesinos, y élites corruptos y malos son la herencia directa de la traición y colaboracionismo con los enemigos de la patria mexicana. Desde los principios de la libertad mexicana en 1821, contra el colonialismo español, y hasta la actualidad de hoy, pobre México ha debido aguantar los reinos sucesivos de cabrones, matones, mamones y ladrones.

La mala historia de traición empezó en 1821. El ’emperador payaso’ criollo, Iturbide, había matado muchos mexicanos para el ejercito real durante la guerra de independencia. Cuando España estaba perdiendo la guerra, él cambió su lado de reacción al otro lado de guerra para salvar sus intereses en México. Sus enemigos políticos le fusilaron unos años después de ‘su imperio.’

La historia engañosa escribe que cien años más tarde de la ‘independencia,’ hubo ‘la revolución mexicana’ que emancipó económicamente el país. Más bien, la revolución mexicana era una matanza total. Más de un millón de mexicanos perdían sus vidas durante esa guerra ensangrentada.

Un revolucionario, Emiliano Zapata, quería cambiar la actualidad del país. Él llevaba un programa para emancipar el país realmente, El Plan de Ayala. Desafortunadamente, una red de mafias representados por políticos, ricos, masones y protestantes, y sobretodo del estado de Sonora, violó el país y inició un golpe de estado en la Ciudad de México. Como Lerdo más de cien años antes, ellos eran admiradores del imperio yanqui. El imperio yanqui aun les apoyaban. Para quedar fieles al imperio, ese grupo sonorense se llamaban ‘constitucionalistas.’

En lugar de trabajar con Zapata, o con el otro guerrillero-bandido del norte, Pacho Villa, los jefes constitucionalistas tomaron el decisión de asesinar a los dos revolucionarios. Cuando los golpistas aumentaban su poder en la capital durante los años veinte, construyeron un partido nacional fuerte, que nació en el PRI. Ellos luchaban contra la Iglesia Católica, y en 1917, esos mismos habían formulado una constitución bien radical que los mismos corruptos nunca cumplían a la vez.

Durante los años treinta, llegó a la presidencia mexicana un reformador verdadero, Lázaro Cárdenas. Él nacionalizó el petróleo mexicano para invertir dinero al PRI y devolvió algunas tierras a los labradores mexicanos, y sobretodo a los labradores que eran partidarios del PRI.

Las devoluciones de tierras a los labradores no eran suficientes. Existían aún labradores mexicanos que esperaban la justicia. Querían disfrutar los trabajos de sus tierras sin las intrusiones de los caciques rancheros. Como siempre, el estado en la capital preferían las alianzas con los caciques rurales.

Para defender los derechos de los labradores, en el mismo estado de Zapata, entró en la historia mexicana un luchador y guerrillero, Rubén Jaramillo. Durante los años cincuenta, Jaramillo aceptaba pactos políticos con los jefes y traidores del PRI para conseguir alguna promesa sobre la defensa de las tierras. Mucha veces los mismos jefes-caciques le prometían a Jaramillo que el estado quería defender las tierras. Como la traición contra Zapata y Villa, el gobierno mafioso del PRI organizó una emboscada contra Jaramillo. La emboscada militar no solo asesinó a Jaramillo, sino asesinó a toda su familia.

Por los años siguientes, el estado-tiránico del PRI asesinaban por sangre fría a los estudiantes en las calles de la capital que estaban protestando contra los juegos olímpicos en 1968. El estado de asesinos continuaba sus crímenes de corrupción flagrante, robos de la hacienda pública, y matanzas de civiles en los campos, y sobre todo en los estados del sur: Oaxaca, Guerrero y Chiapas.

Dentro de poco, la dictadura del PRI pactaba con los narcos, inversores extranjeros de propósitos sospechosos, y dejaba el país en la pobreza extrema. La Ciudad de México reventaba con refugiados económicos del campo. Para dar el remate a los mexicanos, los cabrones del poder firmaron el NAFTA en los años noventa. Ese pacto con el Imperio destruía la cosecha maíz que era el alma agrícola de México, y además, dejó el país despejado a los transgénicos de maíz de los Estados Unidos.

Durante los últimos diez años, con el otro partido político en el poder, el PAN, la cosas han ido peor en México. Ya el poder utiliza otra cara falsa para limpiar a los criminales del PRI. -¿Por qué México ha debido sufrir tanto por más de doscientos años?-

Pobre México va a continuar pobre, en tanto que el estado mexicano de cabrones, matones, mamones y ladrones sigue gobernando.

No había diferencias ningunas entre los emperadores, dictadores, jefes, generales, reformadores, presidentes, ni candidatos opositores. Ni la república, ni los estados unidos mexicanos funcionan tampoco. Todos los jefes corruptos tienen sus cuentas y casas extranjeras en caso de que la economía se caiga otra vez – y la economía fantasma caerá en el futuro. Sus sueños paralíticos se quedan en el Imperio estadounidense y en las capitales de Europa, como el dictador asesino Díaz que vivió sus últimos años de retiro en Paris.

México antiguo, antes de todos los invasores europeos, era un país lleno de comunidades autónomas y distintas. Así es la visión de la paz y de la justicia para todos los mexicanos verdaderos.

 

 

Latin America: Hangs the Ghost of the Colonial Casta

Posted: June 3, 2014 in advertising, Afro-Argentines, Amerikan embassy, Argentina, Auracanians, barbaros, begging, boticas, Brazil, brutality, Buenos Aires, campesinos, cargo ships, cash crop plantations, castas, catastrophes, Chaco, Chile, cinema, Colombia, colonial violence, colonialism, colonies, corruption, criminality, cruelty, destruction, dictatorial government, Dirty War against subversives, disappearances, diseases, Dominican Republic, economic elites, elites, epidemics, eugenics, European immigration, Europeans, export crops, extermination, extremes of wealth, forced work schemes, General Roca, golpes de estado, Guatemala, indigenous, indios, institutional murders, jefes, kidnapped Africans, latifundias, Latin America, Latinization, Laws of the Indies, legal precedents, Lima, Mapuches, mass graves, mass murder, megalopolis, mestizos, Mexico, Mexico City, military forces, mines, misery, murder, narcos, native farmers, Native nations, nineteenth-century, obrajes, outbreaks, Pampa, Paraguay, paramilitaries, parasites, Patagonia, police forces, political bosses, political-economic system, poor populations, Portuguese, poverty, prisons, publicity, race, racial apartheid, racialism, republican period, self-hatred, selling off natural resources, skin lightening creams, slave system, slavery, slow genocide, social class, Spanish, state crime, street crime, subjects, tango, telenovelas, the land, urbanization, Uruguay, vendepatrias, Venezuela, War of the Desert, War of the Triple Alliance, whitening
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I remember arriving as a doctoral student researcher while visiting one of Latin America’s megalopolis capitals. This particular time it was Mexico City, or el DF, as they called it in Mexico. This gran metropolis also had a more notorious name, el ‘Monstruo,’ the Monster. It was, and definitely still is, a Monster, both in actual size and in population count.

Seeing the octopus urbanization from the plane, while landing onto the airport strip, was a shocking sight. The aerial vision portrayed brown-yellow vomit chunks from an ancient Aztec God. The whole mess represented a massive urban polis filled with hodgepodges of grey-black conglomerations, connected by various mini megalopolises of construction sites and twisting roads. The traffic never seemed to stop.

Squatters had previously built ramshackle houses of concrete cinder blocks and alloy metal roofs along the mountains and hills, and surrounding those harsh pits of humanity were a few ominous brown volcanoes in the far distance.

Only three hundred years ago, this city of 150,000 people had a massive blue lake around it. The city possessed as many canals as streets. Residents proudly called Mexico City the Venice of the Americas. But now, Lake Texcoco is almost completely dried up. Throughout the centuries, the city’s colonial ‘authorities’ murdered the surrounding lake beds and canals due to the incessant flooding during the rainy seasons. The dirty grey and black water floods still come in the late summer however. They will never leave.

Latin America’s melancholic past has included some horrifying stories and incidents. The long list comprises state sponsored genocides, impregnable state corruption, military-executioner honchos, killer narcos, paramilitary murderers on the prowl, murderous destruction of natural resources for easy gain, ‘vendepatrias,’ or politicians that sell out their people to the Amerikan Embassy, prison infernos, mass murders of ‘campesinos,’ or farmers.

Such historical accounts can never forget the institutional murders, or disappearances, against journalists and activists, with the terrible poverty, extremes of wealth between the mostly poor population and the few rich people. All across Latin America grows incessant misery, aggressive begging, common criminality, police state cruelty, and street riots with dead bodies lying around – with those infamous ‘golpes de estados,’ or coup d’états. Why has Latin America continually suffered from such diseases and terrible outbreaks? Even the revolutionary Simon Bolivar predicted such catastrophes for the Americas.

The reason for all of this daily terrorism and institutional violence has been due to three hundred years of Iberian colonialism. The worst forms of this colonialist violence moved in three stages: political-economic, legal, and racial. The most heinous actions of its colonial crimes represented its racial codes, or as they stated some three hundred years ago, ‘castas,’ or racial castes.

The Latin colonial systems, representing mostly the Spanish and the Portuguese, managed their ‘colonies’ as privileged economic districts for investment. They had maintained a massive slave worker-forced laborer system on export crop plantations, such as sugar. Slaves also worked inside linen factories, called ‘obrajes’ in Spanish, and in gold and silver mines.

During the colonial period, most native farmers did not fall into these slave systems – but other unfortunates did. This was especially true for many Africans, first kidnapped from their home continent, next brought over on cargo ships, later worked to death as slaves in the Americas.

The colonial powers taxed and heavily legislated against all of their subjects, whether Europeans, natives or African-Americans. These colonial codes had the names of the Laws of the Indies. The colonial authorities even legislated the style of clothes and jewelry wearing depending on social class status. Most colonial subjects ignored those laws, but the system had already set a bad legal precedent.

This violent colonial system tried to keep separated laws, dress codes, neighborhoods, religious confraternities, or brotherhoods, guilds and churches depending on social class and racial status. The Latin colonial authorities of the Americas had created the classical, racist Apartheid system. By the 1600s, the Spanish referred to it as, ‘mandamientos a las castas,’ or rules relegating the racial castes.

During the eighteenth-century, the 1700s, the only legal outlet for a casta person was to become ‘Latinized,’ speaking the language well, dressing well and having a good economic social position. The racial caste person could then receive an officially, royally stamped ‘certificate of whiteness.’

Three hundred years of this racial apartheid still infects the minds of millions of Latin Americans. It was not as bad as the actual US institutional racism-prison industrial complex against African-Americans; but like all forms of racialism, it was mentally and institutionally brutal nonetheless.

This particular colonial caste system created a terminal germ of self-hatred that still eats out the brains of many Latin American people, and especially the political-economic elites. Latin America can never achieve its long desired freedom and dignity as long as the bacillus parasites of self-hating ‘politicos,’ or politicians, gorges the insides of Latin America’s soul.

After spending some months living and researching in Mexico City, I began to notice daily and common annoyances concerning the adverts on the subway platforms, inside the metro cars, and on the billboards around the city. I also spotted similar issues on the ‘telenovelas,’ or Latin American soap operas, and on the stupid gossip and slapstick shows so ubiquitous to Latin American bad television.

Most of the presenters, actors, faces, images were of European looking people. It was impossible to find an indigenous face on any public program or advert. I found this especially strange inside particularly large national capitals, such as Mexico City and Lima. A majority of the people who live in such capitals are mestizo, a colonial caste denomination representing a mixture of an indigenous native and a European. Were there any actual mestizo faces on advertising and television?

I also noticed this problem in the cinema. It was still hard to find mestizo and indigenous faces on the screens. Visiting the many ‘boticas,’ or pharmacies in the cities, I perceived that one of the greatest scam businesses in the continent has represented the selling of skin lightening creams.

Dictator-murderers in Latin American history, such as Porfirio Diaz and Rafael Trujillo were regular users of such salves. Other Latin American corrupt bosses and dictators also seemed to have dipped into the magical Euro face ointments, such as Juan Manual Santos of Columbia and Vicente Fox of Mexico.

During the late nineteenth-century and early twentieth-century, eugenics became the rage of European and North American political-economic elites. Latin America also had its eugenics supporters during the same period. Why do the southern cone countries of southern Brazil, Argentina, Uruguay and Chile have so many European looking citizens walking around its loud and dirty streets?

During the late nineteenth-century, the dictatorial governments of those countries had opened up ‘their lands’ to a massive European immigration scheme. They desperately wanted to whiten their countries from the shame of their indigenous and Afro-Latino communities. These ‘jefes,’ or state bosses, had hoped that a legion of Nordic Vikings and Germanic rune masters would settle ‘their continent’ and save the lazy, racially putrid Latin America from itself. Argentina received the bulk of this desired group.

Unfortunately for the Latino Euro-fakers, the majority of the immigrants were more from the Southern and Eastern European varieties, and there were also Arabs, Asians, and even Ashkenazi Jews that mixed into the newer white crowd. The Argentine generals would finish off some of the more dangerous elements of this mixed group during their genocide of the 1970s, called the Dirty War against Subversives.

Argentina, the whitest country in Latin America, (actually Uruguay and Chile together), has had its recent, ‘republican’ history replete with genocides. The corrupt kingpins in power first moved their racial genocide against the large Afro-Argentine community. At one time, they were about 30% of the population like Venezuela today. The Argentine Buenos Aires junta, which ran the ‘National Army,’ (under President Mitre), forced all Afro-Argentines to fight in the numerous wars of Argentina.

The most brutal war in Modern Latin American history was the War of the Triple Alliance in the middle part of the 1800s: Argentina, Imperial Brazil and Uruguay against Paraguay. Thousands of Afro-Argentinian men lost their lives for such a bogus war, and the general thugs simply buried the Afro-soldiers in mass graves located around central Buenos Aires. The historical grave sites don’t exist anymore.

The whitest countries of Latin American had almost exterminated the entire male population of the great Guarani-Mestizo Republic of Paraguay. Paraguay has still not recovered to this present day. This system of slow genocide continued well into the infamous War of the Desert in the latter part of the nineteenth-century.

The Afro-Argentine survivors would also die from recurrent outbreaks of cholera and yellow fever epidemics in their rat infested neighborhoods. The governments did nothing to help such poor people. The politicians felt good about the results. Now, only a few Afro-Argentines have survived, and their only cultural expressions live in the tango dance culture, and in Uruguayan Carnival.

The most heinous Argentinian genocide was the War of the Desert. General Julio Roca with a large Afro-Argentine and mestizo gaucho, or cowboy army, marched on the warpath to finally exterminate the recalcitrant barbarian ‘indios,’ or natives, in the Patagonia south, the Pampa central region, and the Gran Chaco north. In the south he tried to exterminate the great warrior nation of the Araucanians, or the Mapuches. The Mapuches have been continually fighting against colonialism and neocolonialism until this very day – mostly against the white Chilean crooks in Santiago.

Unfortunately, these state thugs had Winchester rifles, which worked marvelously in exterminating men, women and children. They successfully murdered tens of thousands of natives. There were also those European transplanted epidemics, which had already decimated the native nations. The actual killing figure is still unknown. General Roca had his name immortalized with pigeon shit statues around the country and his ugly mug on almost worthless bank notes.

As long as this sordid history retains the covers of pathetic lies and deadly omissions, then Latin America will continue to suffer the farce and absurdity of the bad life and the bad death. Argentina is not the only Latin American nation guilty of racialism and genocide. For example, Guatemala tried to do a similar racial liquidation program against the Mayan nation during the 1980s, further supported by the US government. Mexico, the Dominican Republic, Chile, Uruguay, Brazil, Colombia and Venezuela also tried their hands at such evil, racially incited, murderous practices.

Latin America will probably never be able to redeem its mind and soul from such an abusive history. But the true roots and holy souls of Latin America do not exist in London, Paris, Berlin or even in Miami, they continue to breathe inside the sacred earth, the medicinal plants, the powerful legends, the ancient gods, and those sacred native languages. Only in tortured Paraguay is the native language of Guarani one of its national tongues. And only a return to these sacrosanct cultures can ultimately transform the continent.